El día que decidí regalarle un robot aspirador a mamá

Hace doce días empecé a pensar en lo cercana que estaba la Navidad. Sin comerlo ni beberlo me invadió ese sentimiento de añoranza y pesar que muchas veces acompaña estas fiestas. La verdad es que no sé muy bien de dónde vendrá, pero soy una de esas personas que, si por mi fuera, suprimiría la Navidad y la cambiaría por una prolongación uniforme y tranquila del período laboral. Adiós Navidad; Hola semanas laborales venideras.


Hundido es este sentimiento (y sin duda aturdido por él) pensé que igual era hora de hacer algún regalo a mis padres: más concretamente a mi madre. Hasta ahora, con el pretexto auto-proclamado de que mi pobre economía no me le permitía, aplazaba llegar en aquella época propia de mi edad en que ya no se reciben regalos de tíos, padres y abuelas, sino que uno se los hace a ellos.
Objetivamente me puse a reflexionar y me dí cuenta que mi economía de este año había sido buena, creciente e, incluso podría decir que, fértil y fecunda. La economía ya no era una excusa. Podía prescindir de unos cuantos centenares de euros.

Manos a la obra me puse a pensar qué podía regalarle a mamá. Para que os hagáis una idea, mi madre es una de esas mujeres que, aún con carrera universitaria, ha dedicado su vida al hogar y al cuidado y educación de sus retoños; sacrificio por el que, por supuesto, le estaré eternamente agradecido. Como la mujer tiene tendencias marcadamente obsesivas en lo que a la limpieza se refiere y empieza a padecer de los huesos y articulaciones, pensé que regalarle uno de esos modernos robots aspirador sería una muy buena idea. Una idea genial, maravillosa.
Utilicé el tiempo libre de mis días posteriores en formarme en Teoría y Características del Robot Aspirador. (Sí, podría ser una asignatura universitaria de libre elección, dado la complejidad del tema). Me sorprendió la falta de información decente y exhaustiva sobre el tema, dado el interés que suscitan estos aparatos y lo difícil que resulta encontrar uno de decente. Encontré una comparativa del Roomba 780, que me fue bastante útil y me permitió, finalmente, decidirme por el 780. Un modelo, porqué no decirlo, que a mi me enamoró.

Lo pedí a través de Amazon y esperé, con cierto nerviosismo pueril, los dos días de rigor que tarda esta empresa en hacerte llegar las cosas. Como de costumbre no se retrasaron y recibí mi paquete puntualmente.

Faltaban más de 20 días para Navidad y yo siempre he sido una de esas personas impacientes a la hora de hacer regalos. A mi novia a veces le hacía regalos sorpresa y siempre acababa desvelando la sorpresa antes de hora. Le decía “cariño, tengo una cosa para ti, pero es sorpresa”. Ella me apretaba un poco, insistía, coqueta. Al momento le estaba dando pistas y a los diez minutos yo mismo había jodido la sorpresa. Un desastre.

Así que como os podéis imaginar fui incapaz (del todo incapaz) de esperar veinte días a que fuera Navidad para darle el regalo a mamá. Fui a su casa, cargado con el paquete y tremendamente feliz de mi compra. Llegué y le dí el paquete. Lo abrió y me di cuenta al momento como intentaba disimular aquella boca torcida tan suya que hace ante todo lo que no la complace.

“¿Y cuanto dices que te ha costado esto?”.

Yo: “No te lo he dicho, mamá. Es un regalo, no se dice el precio”.

El precioso robot aspirador que mi madre decidió rechazar, cual paria.

Un desastre. Me pidió que me lo llevara de vuelta a mi casa, que ella no tenía (ni había tenido nunca) ningún problema con la limpieza de su hogar. Le intenté hacer comprender que aquello sólo era una ayuda que le podía quitar cierta cantidad de trabajo de encima. A lo que ella replicó insinuando que quien necesitaba ayuda con la limpieza de su hogar era yo. (Y no le falta razón a la mujer, afortunadamente no he heredado su obsesión compulsiva por la limpieza).

¿Sabéis como escribo estas líneas? Apalancado en mi sofá, con telebasura en la pantalla grande y… Sí, con mi flamante Roomba 780 dando vueltas entre mis pies. Y ya anticipo que creo que será mi mejor regalo para estas Navidades.

Mira que me hacía ilusión tener un Roomba. Pero no de estas maneras. Ya sabía yo que estas Navidades era mejor pasarlas de largo y pasárselas currando.

P.D.: Dejé un comentario en la web del robot aspirador manifestando, en primer lugar, mi enfado por el rechazo de mi madre, y recomendando a todo el mundo no regalar estos aparatos a madres obsesionadas con la limpieza. Pueden ver en el robot aspirador un contrincante potencial.

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